Los alumnos de 3ºA ESO y su profe de plástica os desean a todos una FELIZ NAVIDAD.
jueves, 20 de diciembre de 2012
domingo, 16 de diciembre de 2012
IMPRESIONES PERSONALES DEL ENCUENTRO LITERARIO CON CLARA OBLIGADO, IX PREMIO SETENIL
El pasado 11 de diciembre los alumnos/as de 4º A y 3ºA asistieron con sus tutoras al centro cultural Las Balsas. Allí tuvo lugar un encuentro literario con Clara Obligado, ganadora de la IX edición del Premio Setenil al Mejor Libro de Relatos Publicado, premio muy importante a nivel nacional y que convoca el ayuntamiento de Molina de Segura. La obra ganadora ha sido "El libro de los viajes equivocados" en la editorial Páginas de Espuma; once cuentos interrelacionados como si de una única obra se tratara y cuya lectura recomendamos; no os defraudará.
Aquí os dejo una fotos del acto y unas breves impresiones de parte del alumnado presente en la sala.
Quiero empezar diciendo que para lo poco lector que soy, me ha impresionado bastante el encuentro con Clara Obligado porque no creía que una escritora tan prestigiosa como Clara Obligado fuera tan humilde y simpática con la gente.
Aprendí muchas cosas de esta experiencia, por ejemplo, que para ser buenos lectores no hace falta leer novelas todos los días ya que en la época en que vivimos, involuntariamente leemos mucho: estamos rodeados de mensajes de publicidad, noticias, entrevistas, mensajes de texto, informaciones de Internet..."
Deiver Steven Villegas
La idea de hacer una salida para ver a Clara Obligado, al principio, no me gustó mucho, pensé que sería un completo aburrimiento. Mi opinión cambió totalmente cuando ella, con su agradable sonrisa nos empezó a hablar de su vida, de cómo sufrió un exilio y este fue el motivo para empezar a escribir...
Yo quedé realmente encantada y sé que si vuelvo a tener la oportunidad de verla otra vez, no la desaprovecharé.
Ginna Marcela Fajardo
Lo que más me ha gustado de ella es la manera de tratar a las personas y de expresarse con toda claridad, sabiendo improvisar en cualquier momento.
Soledad Fernández Giménez
Habló un poco de su familia y de sus libros, y según hablaba parecía una persona madura, graciosa y luchadora; es decir, alguien que había peleado por las cosas que quería hasta conseguirlas, alguien que disfrutaba cada momento de su vida, alguien con una imaginación de ensueño...
Rocío García Arroyo
En escasas dos horas me he dado cuenta de lo enriquecedor que es ser extranjero, pero como bien ha corregido la directora del Eduardo Linares, "siendo internacional". Gracias a la infinidad de experiencias que ha vivido la escritora, pudo dar a luz el libro ahora premiado:"El libro de los viajes equivocados"...
Nos dio un importante consejo para todos los jóvenes escritores: "Si quieres comunicar algo, utiliza el mínimo de las palabras posibles y deja un final abierto".
Marina Kravets
También nos dijo que para ella la vida era una espiral que siempre pasa por el mismo sitio, ya sea para arreglar algo o estropearlo (la imagen de esa espiral aparece en la última página del libro).
Patricia García
Y por último, aquí os dejo una de las observaciones de otro alumno, muy perspicaz el muchacho:
A pesar de que en este encuentro nos acompañaba el señor alcalde, Clara no tuvo pelos en la lengua para ofrecer palabras críticas sobre los economistas y otras profesiones que requieren poco cultura. Añadió: "ojalá los economistas fuesen cultos", más bien piensa que son "idiotas".
Samuel Torres González
viernes, 14 de diciembre de 2012
¡¡¡¡¡PREMIO!!!!!
La fotografía "La pradera murciana" de María Fuensanta Robles Vicente ha ganado el primer premio de la modalidad de Bachillerato la II Edición del Concurso de Fotografía Digital 'Imágenes de Nuestra Identidad' convocado por la Región de Murcia.
Aquí la tenemos recogiendo el premio.
Y aquí está la foto ganadora.
Aquí la tenemos recogiendo el premio.
Y aquí está la foto ganadora.
viernes, 30 de noviembre de 2012
RELATO DE GABRIEL GARCÍA ROSAURO
![]() |
| Fotografía antigua del café Chicote en Madrid |
El Conde y la Miguela
El Hispano Suiza, su coche
preferido para las correrías en la capital, lo había dejado en la puerta. El
conde entró arrogante en Chicote y
encontró el local como siempre: la barra americana al fondo, las
banquetas alineadas como soldados, la luz tenue, las mesas bajas junto a los
sofás mullidos de color miel. La fauna era escasa: tres damas de la noche de
culo alto en la barra y cuatro señorones de edad indeterminada con la mirada
arrogante de los amos del hambre, los
ganadores del momento.
Se sentó en una mesa muy cerca de la esquina de
la barra. El bigotito, apenas un leve brochazo en su cara redonda y delicada,
lo escondía la luz vaporosa del local. Pese a que había recibido multitud de
parabienes en las últimas horas y aún podía oler el sudor y el perfume de sus
compañeros de correrías ¡Los tienes bien puestos, cabronazo!, se sentía
terriblemente solo.
-¿Va a ser el cóctel de la casa?-
le preguntó solícito un camarero flaco con cara de cordero humillado.
La pregunta del barman le hizo
recordar por un momento otros momentos más relajados; cuando, ufano y altanero,
paseaba su palmito rodeado de alguna mujer de postín por lo mejor de Madrid
para acabar, como era de ley, en Chicote y saborear tranquilo aquel brebaje extraño y elegante
que solo los de su clase sabían tragar con estilo, ya se sabe: un océano de
Grand Marnier, un tercio de vermú rojo y una explosión de ginebra inglesa con
algunas gotas de angostura.
Ahora no tenía el cuerpo para
cócteles. Por eso pidió una copa de aguardiente mientras se miró la camisa de
seda blanca. Se percató, molesto, de un goterón de sangre que había arruinado
el color inmaculado de su prenda favorita.
-¡La Miguela de los cojones, la
muy maricona me ha dejado la cagada de mosca!-se dijo definitivamente cabreado.
Recordó con nitidez el origen de
la mancha: el clavel blanco en el pelo, el rizo femenino, el sombrero volando
en el aire gélido de enero. Después, ya borracho de sangre, las patadas en los riñones, la nariz goteando
como un becerro, el garbo del sarasa transformado en un temblor de miedo.
El aguardiente le había metido fuego
en la garganta y la cabeza, pero la
memoria aún no obturada le dictó obediente
la frase que le propinó al despedirse de aquel guiñapo orgulloso:
-España no es pa rojos ni
maricones.
Aquel fantoche no parecía el
mismo que paseaba su garbo por Fuencarral o la Latina , el que
despertaba la admiración de aquellos que
lo jaleaban con el grito de guerra:
-¡Miguela, Miguela, Miguela!
Más recompuesto, apuró la copa,
se acodó en la barra y vio entrar a un joven falangista, un joven de edad
indefinible que tenía una extraña mezcla de la arrogancia de los vencedores y
la torpeza del provinciano recién venido a la capital. El conde lo miró con el
revés del ojo y le dijo con desprecio:
-¡Hombre, el pazguato de Jorgito!
Jorgito lo saludó solícito con
una extraña mezcla de campechanía, masculinidad y humillado respeto. Apenas si
se atrevió a pronunciar torpemente:
-¿Usted por aquí?
-Apea el tratamiento-le dijo con
suficiencia. Toma una copa a mi cuenta.
Jorgito bebió en silencio junto
al conde hasta que se cansó de oír impertinencias y humillaciones
-Don José me voy a retirar- le dijo,
ya más decidido que al principio, el bueno de Jorgito.
-Apea el tratamiento, por favor,
somos camaradas-le contestó condescendiente y orgulloso.
Con el cuarto aguardiente, la
boca se le soltó y continuó con la retahíla que los hombres de su clase tienen
cuando el alcohol marca su ley y desatasca las palabras metidas en el tuétano
del alma:
-A los míos no les tiembla la
mano cuando hay que demostrar la hombría y el amor a la patria. Uno es golfo
pero sabe calibrar unos valores, tiene una jerarquía.
Jorgito, decididamente
confundido, se sentó junto a las damas de la noche e intentó cuajar una
conversación medianamente coherente con una de ellas, una morena de labios
gruesos que ceceaba con elegancia y miraba nerviosa a los señorones de la mesa
de la izquierda.
Mientras tanto, el conde se
enredó con la quinta, la sexta, la séptima copa. Con la octava enmudeció
definitivamente. La cabeza se le fue al burladero de la finca donde por un momento todo era sangre y un novillero
junto al tendido. El aprendiz de torero era un jovencito de buena figura dando
pases apretados a un cuatreño retinto mientras él, como un mariscal, lo observa
todo en el tendido. El adolescente mira
al tendido y le fija sus ojos de
terciopelo mientras da un natural muy bello. La plaza se llena de calma
y el cuatreño acude con prontitud a la llamada de la capa mientras el aire
apenas mueve una hoja.
En un descuido, cuando los ojos
aún los tiene metidos en la barriga, la bestia le sumerge el cuerno en el
pantalón y lo deja semidesnudo como un pelele. Desde el tendido una voz
cazallera le larga agria:
-¡Hay que fijarse, hay que
echarle más atención!
Al conde la mano le tiembla como
a un adolescente enamorado y deja caer la copa. No es la borrachera que se
adivina en sus ojos lo que lo pone temblón. Es la confusión de recordar lo que
pasó después: cómo notó el corazón acelerarse al ver brotar la sangre sucia del
muslo mientras un mayoral lo metía raudo en el pequeño burladero y le aplica un
certero torniquete con un trapo blanco.
Por un momento, lo recordaba
ahora con una nitidez misteriosa, sintió celos del viejo mayoral. Confuso, bajó
al tentadero en busca del novillero. El muchacho parece muy afectado y observa
al conde arrebatado por la vergüenza y el orgullo.
El muchacho, con la valentía
metida en los nervios, vuelve al pequeño albero de la plaza de tientas. Orgulloso,
cita con las piernas muy juntas y el toro acude como un perro obediente a la
llamada del capote. El miedo, como un vómito, llena su cuerpo de un extraño
regusto. La calentura se aplaca cuando siente muy cerca el jadeo del toro, el
rítmico vaivén de la respiración en los costillares, la fiebre de su cuerpo
suave y duro como una hembra en celo. El muchacho se distancia de la bestia, lo
mira altanero y vuelve a citarlo.
En la barrera, el conde,
tembloroso como un muchacho, logra sobreponerse y le grita al novillero:
-¡Échale hombría!
Todos callan. El silencio es una
losa metida en el cuerpo del novillero.
El toro se arranca con un ronco
mugido. El muchacho junta las piernas, desmaya la mano izquierda y brinda para
sus adentros:
- Conde, va por ti.
En el salón de Chicote un hombre
de aspecto elegante se sienta en una esquina de la barra. Pide el cóctel de la
casa, ya sabemos: un océano de Grand Marnier, un tercio de vermú rojo y una
explosión de ginebra inglesa con ciertas gotas de angostura. El nuevo habitante
del local mira en el sofá caoba de la derecha a un sujeto derrotado. Tiene en
la cara un bigotito, apenas un leve
brochazo en su cara redonda y delicada, que casi lo esconde la luz vaporosa del
local. De su boca, como un espasmo, salen palabras inconexas que el alcohol aún
no ha sido capaz de taponar. Palabras que se repiten atropelladas: España,
hombría, rojos, guerra, honor, dignidad, maricones,…
domingo, 25 de noviembre de 2012
DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES
En la asignatura Plástica y Visual hemos querido aportar nuestro granito de arena en el DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES. Hemos trabajado en 1º B tres carteles a partir de un eslogan y con las texturas como elemento plástico principal.
Y aquí tenemos el resultado:
viernes, 23 de noviembre de 2012
Un mar de
recuerdos
Compañía, buena sopa caliente, y,
por supuestos, un mar de recuerdos, son los elementos que, durante toda mi vida
he experimentado en este día especial, en el que la familia se reúne para
recordar a sus seres queridos.
Todos lo años nos levantamos muy
temprano, de buen humor y dispuestos a pasar un día de reflexión, luego de ello
nos vestimos de estreno con nuestras mejores galas de invierno. Desayunamos
también pronto, para luego cambiar las sábanas de nuestras camas por otras
limpias, pues, se dice que en este día, nuestros difuntos seres queridos
duermen con nosotros.
Una vez arreglado este asunto, en mi familia es costumbre ir a casa de mi abuela a comer temprano, allí nos encontramos todos con todos, pues este día, junto con Nochevieja es el único en que toda la familia se une. Conforme entras por la puerta, un olorcillo cálido y agradable inunda tus pulmones. Éste es el olor a la sopa de mi abuela, que cada año prepara con más cariño que el anterior.
Una vez arreglado este asunto, en mi familia es costumbre ir a casa de mi abuela a comer temprano, allí nos encontramos todos con todos, pues este día, junto con Nochevieja es el único en que toda la familia se une. Conforme entras por la puerta, un olorcillo cálido y agradable inunda tus pulmones. Éste es el olor a la sopa de mi abuela, que cada año prepara con más cariño que el anterior.
Al terminar de comer vamos al cementerio a ver
a nuestros familiares al panteón que se encuentra formado por distintos nichos,
adornados con rosas de colores varios, pues cada uno tenía un color preferido. Antes,
esto no ocurría, pues se utilizaban crisantemos debido a que se podían cultivar
en la huerta y eran, por ello, más asequibles que las rosas.
Después, nuestros padres nos
llevan a la entrada del cementerio, nos compran regaliz o castañas asadas y
luego regresamos a casa de mi abuela; allí hablamos de nuestros familiares y de
sus costumbres, sus manías, sus hazañas,…, así como de la curiosidad de que,
exceptuando a tres familiares, todos murieron el día 22 o 23 de septiembre. Una
vez nos meten esa extraña curiosidad en el cuerpo, la transforman en miedo,
contándonos historias de terror sobre las ánimas benditas y espíritus que
resuenan en nuestra imaginación tras ser relatadas mientras encendemos y
colocamos una vela por cada difunto. Hecho esto, mi abuela se queda rezando
para ayudar a los espíritus que no han encontrado la paz, y para que aquéllos
que ya están en ella permanezcan así. También reza a las ánimas benditas,
porque dice que, en caso de no hacerlo, estarían disgustadas y no la dejarían
dormir o cosas por el estilo
Finalmente regresamos a nuestras
casas a dormir cada uno en nuestra cama, y…¡Quién sabe si pasaremos o no la
noche acompañados!
Juan Aguilar Mondéjar
B1IC
jueves, 22 de noviembre de 2012
DIARIO DE LYVÁN
-¡¡Despierta!!- Fueron las palabras de mi amiga Diana- La profesora viene, está subiendo las escaleras, la he visto cuando me dirigía hacia aquí.
Aturdido y un poco inconsciente quité la mochila que en ese momento la estaba usando de almohada. Cuando acabé de despertarme completamente, me vinieron un montón de cosas a la cabeza: palabras, imágenes...
-¡¡Los deberes!!- Dije apenado, recordando con flojera lo que habían mandado la clase anterior.
La profesora se había entretenido explicándole a un profesor nuevo dónde estaba el departamento de Matemáticas. Iván, un compañero de clase, amablemente me ofreció copiarme los suyos; sin pensármelo, acepté, en ese momento tampoco me iba a parar a pensar si los copiaba o no.
Por la parte final, donde desembocaban las escaleras, sonaba algo. Todo era silencio en aquella clase. Rápido nos dimos cuenta de que era el taconear de sus zapatos, unos zapatos de cuero bueno y elegante de la talla 37.
Con suerte yo ya había acabado de copiar los deberes.
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