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lunes, 9 de octubre de 2023

ANÉCDOTA, por Pablo Navarro Noguera, 2º A ESO

 


Hace ya un tiempo, un año y algunos meses si no recuerdo mal, mi padre me dijo que los acompañara a él y a mi abuelo a montar un armario en una casa de un señor. Mi padre y mi abuelo han sido carpinteros toda la vida y, por lo tanto, sabían a la perfección lo que había que hacer. Así que subimos todos los tablones del armario a la furgoneta y nos fuimos.

 Cuando llegamos, los tres empezamos a subir el armario desmontado por las escaleras, porque no había ascensor. Levábamos un rato subiendo las escaleras, cuando noté a mi abuelo muy cansado, parecía que se estaba mareando y en un abrir y cerrar los ojos, mi abuelo se desplomó. Yo, asustado, rápidamente pegué un grito para llamar a mi padre que estaba abajo descargando el resto del material. Subió corriendo para ver lo que pasaba, entonces entre él y yo lo sentamos en una silla, porque mi abuelo estaba desmayado y, con los ojos en blanco,  respiraba agitadamente, como tratando de no ahogarse, además no respondía cuando le hablábamos. Mi padre sacó su teléfono lo más rápido que pudo y marcó el 112, entonces mi abuelo nos miró extrañado y preguntó. "¿Qué ha pasado?"

Mi  padre le explicó todo mientras yo subía lo que quedaba para terminar de montar el armario.

Al final, por suerte, todo se quedó en un susto, pero os puedo asegurar que fue el peor minuto de mi vida.

jueves, 18 de noviembre de 2021

"Jamás lo olvidaré", de Mattias Escobar Osorio, 1E



Cuando recuerdo ese caluroso verano de 2014, vienen a mí gratos recuerdos de mi infancia, cuando salíamos en familia por el campo. Estábamos mi madre, mi padre, mi hermana y mi perra Ally paseando por un sendero de rocas.

Ally solía ser muy inquieta pues era una cachorra y por su gran tamaño podría ocasionar algún problema, ese día mi madre le pedía a mi padre que no soltara a Ally. Mi padre siendo un poco terco la soltó, entonces ella salió corriendo, por desgracia y siendo mas grande que yo se metió debajo de mis piernas y me derribo. Mi madre al ver la escena corrió a ayudarme, ella al ver mi rostro pálido y sin aire, se quedó paralizada por un momento hasta que vio el charco de sangre, me cogió y conmigo en sus brazos, fue a buscar un taxi para llevarme al hospital.

Ese día me pusieron cinco puntos debido a que me rompí la cabeza, me quedó una  marca. Aunque eso fue trágico,  cuando pienso en esa historia me acuerdo de Ally,  mi perra, pienso en ella aunque ya no esté viva. Jamás lo olvidaré, pero algo de lo que sí estoy seguro es de que siempre llevaré a Ally en mi corazón.




FIN

jueves, 11 de noviembre de 2021

Cómo conocí a The Beatles, por Vicente Navarro de Souza, 1º E

 

                                                       

Estaba en casa de mi abuela y tenía 11 años, era primavera.

Mi abuela me dejó solo en su casa durante unos 45 minutos aproximadamente. Me puse a curiosear hasta que vi su tocadiscos. Había un montón de vinilos pero me llamó la atención un vinilo en cuya portada había un fondo negro con 4 fotos (una de un hombre con pelo hasta la nuca y barba, una de un hombre con gafas redondas y pelo hasta el inicio de la espalda, una de un hombre con pelo hasta el cuello, bigote y nariz muy grande y por ultimó una de un hombre con bigote y pelo ondulado; todos de un aproximado de 30 años) y lo puse a reproducir.Tenía muchas canciones pero había dos que me llamaron mucho la atención, una que repetía: Let It Be en unas partes y otra que repetía: Get Back en unas partes.

Gracias a ese vinilo, me cambió la vida.







sábado, 14 de noviembre de 2015

Tiberia

Esta anécdota,  que inicia la serie de otras  que podéis leer en el blog,  es un ejercicio realizado en la clase de lengua a propósito de una actividad del libro de texto.


Os voy a contar unas anécdotas de una perra llamada Tiberia que tenía mi abuelo cuando era pequeño.

La gente solía ir a la casa de mi abuelo para ver a Tiberia y comprobar si era verdad lo que hacía, porque parecía increíble.
Un día fueron unos hombres y le trajeron unas costillas a la perra. En aquellos tiempos se pasaba mucha hambre, así que los hombres le dijeron a mi bisabuelo que hiciera que el animal no se comiera las costillas hasta pasada una hora. Entonces mi bisabuelo le dijo: "¡Tiberia, no te comas las costillas!". La perra se quedó acostada, mirándolas sin hacer nada, y a la hora le dijo: "¡Tiberia, ya te las puedes comer!" Y no tardó ni un segundo.
Otro día que mi abuelo y sus hermanos venían de trabajar en la huerta, que estaba a uno o dos kilómetros de su casa, se dieron cuenta al llegar de que se les habían perdido las llaves, entonces mi abuelo dijo: "¡Tiberia, tráenos las llaves!" y la perra se fue, volviendo al rato con ellas en la boca.
También una noche la perra no paraba de ladrar y de dar golpes a la puerta, mis bisabuelos, mi abuelo y sus hermanos pensaban que solamente era que Tiberia tenía frío y quería entrar, pero a la mañana siguiente se dieron cuenta de que les habían robado y que la perra solo les estaba avisando.
Viendo todo lo que hacía el animal, mi bisabuela le hizo una cesta para que fuera a comprar y a llevar cosas que se le habían olvidado. Simplemente cogían un papel y escribían lo que querían. Luego le decían que fuera a algún lado,  la perra se iba y volvía con lo que le habían escrito, incluso con comida.
¡Ojalá hubiera conocido yo a Tiberia,  era increíble!

       Carmen García Vicente. 3º B

Una medusa gigante

Una tarde de verano hace 26 años mi padre y su primo decidieron, como algunas otras tardes pues veraneaban por allí cerquita, ir a bucear a Isla Plana.
Al cabo de un buen rato buceando y viendo especies distintas de peces, acordaron seguir un poco más, hasta que llegaron al cortado de 15 metros. Mi padre, por seguridad,  se quedó arriba observando la inmersión de su primo y para que en caso de que ocurriera algo extraño, avisarle rápido.
Pues bien, hubo un momento en el que desde la perspectiva de mi padre se veía algo que le sorprendió: una gigantesca medusa de casi dos metros de ancha. En ese momento bajó a donde estaba su primo para avisarle de lo que estaba ocurriendo.
Decidieron acercarse con sumo cuidado para contemplarla, pues no era nada normal ver una medusa como esta tan grande. Pudieron observar la capucha de la medusa,  era como una pecera llena de pececillos lilas.
Cuando empezó a caer la tarde, decidieron volver ya que empezaba a ser peligroso, aunque les hubiera encantado haber podido llevar una cámara acuática para fotografiar  esta espectacular medusa.
Para ellos fue una tarde inolvidable.

             Gema Fuentes Ros. 3º B

viernes, 13 de noviembre de 2015

Anécdota

Una mañana me levanté para ir al instituto, como todas, cansada y sin ninguna gana de despertarme porque hacía frío, o por lo menos yo lo tenía.
Pero, como todos los días, hice un pequeño esfuerzo para levantarme, me costó mucho, parecía que me había quedado pegada a las sábanas, Y, como siempre, me lavé la cara para despejarme un poco, me aseé, me vestí, me preparé mi bocadillo, me tomé mi pequeño desayuno, cogí la mochila, las llaves y me fui tan campante al instituto. Cogí el ascensor porque a esas horas ¿a quién le apetece bajar escaleras? Al salir, me encontré con mi vecino Manolo que me dijo: "¡Qué madrugadora estás hecha!"
En ese momento me paré a pensar y me di cuenta de que el cielo estaba un poco más oscuro que normalmente, pero no le di importancia. Así que me acordé de que desde la esquina de mi calle se ve el reloj de la iglesia y eran las seis y media pasadas. Subí a mi casa corriendo y allí estaba mi madre hecha una furia, pero cuando se lo conté se puso a reírse,  aunque le había dado un buen susto.
Lo mejor de todo es que a pesar de haberme levantado dos horas antes, llegué tarde a clase porque me di cuenta de que me había dejado un trabajo de Sociales que tenía que presentar con Carmen y Elizabeth, así que tuve que volver corriendo a mi casa y regresé unos cinco minutos después.

      Noelia Pérez García. 3º B

Un día de verano


Un día de verano mi padre y mis tíos estaban jugando al escondite en la calle, como antiguamente se hacía.

Mi tía, que era la más pequeña de los hermanos, se escondió en un tubo muy grande que había, ya que estaban haciendo obras en la calle, y como estaba un poco gordita no podía salir. Ella, gritando, llamó a mi padre, que era el mayor; y él, como los locos, cogió lo primero que vio e intentó romper el tubo.
Los vecinos, al ver que había tanto jaleo en la calle, salieron e intentaron ayudar a mi padre. Pero no había manera, lo intentaron con todo: aceite, mantequilla... 
Al final, uno de los vecinos que era carpintero y acababa de venir de trabajar, cogió una sierra y entre él y mi padre partieron el tubo, y por fin, lograron sacar a mi tía.
¡Ella había ganado al escondite, fue la que mejor se escondió!


       Andrea Gomariz Bernal. 3º B

Media tarde


Mi madre me habla del día en el que no encontraron a mi tío, del día en el que él ganó al escondite.
Mi abuela, histérica, gritaba su nombre por todo el  barrio; fue a buscarlo al taller de don Luis, donde tantas horas pasaba, pero ni huella de mi tío.
Quizá por ser la época que era, cuando los niños salían a jugar a la calle, a ninguno de los policías se le ocurrió pensar que estaba cansado y no quiso salir.
Quizá por la histeria, a nadie se le ocurrió mirar en el baúl de mimbre que descansaba a los pies de la cama de mis abuelos.
Aquel día, gracias a una siesta de media tarde, ganó al escondite.

                Adrián Castellón. 3º B