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Imagen tomada de Zenda libros |
Antonio Machado Ruiz, nacido en Sevilla en 1875, fue uno de los representantes más
jóvenes de la generación del 98. Poeta, dramaturgo y narrador, Machado estudió en la
Institución de Libre Enseñanza y en otros institutos de Madrid. Posteriormente vivió en
Soria, en Baeza y en Segovia. Durante las décadas de los 20 y los 30 colaboró haciendo
teatro junto con su hermano, Manuel Machado. Sin embargo, durante la Guerra Civil
Española (1936-1939) fue evacuado a Valencia y, debido a su ideología republicana, se
exilió a Francia, donde pasó el resto de sus días hasta fallecer en 1939.
Este poema es parte de su obra Campos de Castilla, de 1912, una de sus principales obras
entre su abundante composición. En esta obra, Machado ofrece una imagen más sobria y
realista, reflejando sus cuestiones existenciales, sentimientos y pensamientos acerca de
España, su historia y decadencia.
Con respecto al significado del poema, se podría resumir en las dos líneas principales del
poema, las cuales dicen así: ¨Caminante no hay camino, se hace camino al andar¨. Las
connotaciones de estos versos, al igual que el resto del poema, son sobre el destino del
hombre, impredecible y aunque atosigante, solo puede ser conocido mientras se avanza por
el sendero que es la vida. Así, la vida es expresada como la larga senda que se abre
camino conforme es atravesada, en el que las huellas de tus pisadas son el único indicio de
tu experiencia, a las que solo podemos mirar atrás mientras continuamos el ritmo de
nuestros pasos imparables, resignados a avanzar. A pesar de ello, al igual que el destino de
nuestros pasos es seguir avanzando, nuestra mirada nunca debe devolverse hacia las
huellas, el horizonte es lo único que nos espera y la dirección del camino es irreversible. Lo
único que queda es aprender de nuestras experiencias y valorarlas en el presente como lo
efímeras que son, tan breves como el paso de un senderista.
Por otra parte, el sentido filosófico del destino del hombre es más que relevante en esta
parte de su composición literaria. El sentido de la existencia y el afán por encontrar una sola
justificación del porqué estamos aquí son cuestiones que siempre han nublado nuestras
mentes desde que nuestros ancestros neandertales se volvieron conscientes del transcurso
del tiempo y, sobre todo, de la muerte.
La realidad es que la vida humana, por muy importante e imponente que pueda parecer, es
tan capaz de esfumarse tan rápido como el vino. Lo más terrorífico e incoherente de la
existencia humana, que a pesar de tener un nombre, ser consciente de uno mismo, tener
sentimientos profundos, un anhelo insoportable por la vida y expresarse, todos enfrentamos
siempre el mismo final, un corte al final del camino. Como consecuencia, nuestro único
impulso es crear un sistema, un orden, creencias religiosas, supersticiones, técnicas de
predicción, todo para sentir un cierto control sobre nuestro destino y presencia en el mundo.
Esto más que convertirnos en seres omnipotentes e inexpugnables, nos asemeja más a un
animal estremecido, que reduce el mundo para ponérselo alrededor de sus hombros en una
desesperada búsqueda de una reafirmación de sus débiles poderes.
A pesar de lo triste que pueda sonar, la fugacidad y el sinsentido de la existencia, lo
incomprensible y aleatorio de nuestro destino, todo eso es lo que hace de la vida algo
hermoso. La autoconsciencia y voluntad pueden ser tanto el peor enemigo como el mejor
aliado. Aunque hay ciertos aspectos de la vida que uno no puede controlar, el camino es
trazado siempre siguiendo la dirección de tus propios pasos. Como dijo Karl Jung en bellas
palabras: ``a menos que prefiramos dejarnos engañar por nuestras propias ilusiones,
mediante el cuidadoso análisis de cada una de nuestras fascinaciones deberemos extraer
una porción de nuestra personalidad, y poco a poco reconocer que nos estamos
encontrando con nosotros mismos una y otra vez en mil disfraces diferentes en la senda de
la vida´´.
En conclusión, admiro mucho a Antonio Machado y sus letras no podrían expresar mejor la
realidad de la existencia humana. Aunque nos alcemos en lo más alto de la escala
evolutiva, siempre seremos almas dentro de cascarones frágiles, inconscientes del mañana
y sometidos a una existencia incompleta. Aún así, esa es la belleza de vivir, el saber que las
pisadas de hoy serán solo huellas mañana, en algún punto tan lejanas que siquiera alcanza
nuestra vista. Quedarán como una más en la interminable ruta de experiencias, en el
camino sin trayectoria llamado ´vida´