miércoles, 4 de junio de 2014

COMENTARIO CRÍTICO PERSONAL 1, CRISTIAN IVÁN CUEVAS, 2º BACH

El texto (ir al enlace de abajo) pertenece a una columna del periódico La Razón escrita por Miguel Galindo Sánchez, en el que, inspirado en el día del libro, nos introduce en una reflexión acerca de la evolución de los libros con los nuevos avances tecnológicos, el placer de la lectura, y un antes y un después en cuanto al valor de los libros en una estantería. El autor nos habla de tablets y e-books, comparados con los libros físicos, y su “erotismo”. Y hace una leve crítica a la sociedad, que antes, al menos quería aparentar que tenía y leía libros, pero que ahora esgrime su “burrez” con todo el orgullo del mundo.

Es cierto que las nuevas plataformas fruto de un gran avance tecnológico nos aportan un sinfín de posibilidades, como es el de llevar en un aparato del tamaño de la portada de un libro una cantidad impresionante de libros, (ya sea en PDF, .DOC…). Esto nos permite no ir cargados con libros y libros no solo en tu día a día, sino en vacaciones, y ocasiones similares. Yo mismo, recientemente gané un e-book en un certamen de literatura. Nunca había tenido uno, y tenía ganas de descubrir que tal es la experiencia. Desde pequeño soy un ávido lector, y lo primero que hice fue conseguir de cualquier manera en el gran mundo de internet todos aquellos libros que en algún momento me habían llamado la atención y se encontraban apuntados en libros de texto, agendas, apuntes, y demás superficies que me sirviesen para escribir. Y ahí están, en la tarjeta de más de 40 gigas de capacidad de mi ligero, práctico, y eficaz aparato.

Te acabas acostumbrando a darle a un botón para pasar a la página siguiente, al hecho de tener que escribir la página a la que quieres retroceder para que te conduzca directamente a ella y a ajustar la pantalla de vez en cuando según encuadre la página.

Pero como dice Galindo, no es lo mismo. Aunque es cierto que para alguien de mi generación, prácticamente acostumbrados a las pantallas de ordenadores, televisores, y móviles que bombardean constantemente nuestro cerebro con cualquier información, el cambio no debería ser tan grande, pero considero que cualquiera que haya leído por decisión propia un libro al que te hayas dedicado por completo y hayas vivido todas y cada una de las páginas de él, identificándote con este y aquel personaje, odiando a ese, acabar enganchado al transcurso de una historia hasta el punto acabar roncando con el libro sobre tu cabeza en plena madrugada, sintiendo el placer de ver como avanza una historia, y la tristeza cuando finalmente esta llega a su fin, para estas personas la imagen física es necesaria. El olor, el tacto, las portadas con un ligero relieve, sentir su peso, el roce de las hojas, quizás cortarte con una esquina, quizás pasar una hoja demasiado rápido y hacerle una grieta…

No sé si se puede comparar un libro con una persona como nos dice Miguel Galindo, pero es cierto que yo he dormido abrazado a libros, he llegado a comer y a desayunar con ellos, a relajarme en el parque con ellos o tomar el sol, he viajado, he reído, he llorado, he aprendido, me he instruido como persona, he aprendido de política, de la sociedad… Y todo estaba en sus páginas.

Por supuesto que seguiré leyendo libros. Y hablo de libros físicos. También usaré mi nuevo e-book. Pues creo y espero que este avance no eliminará los libros, como el compact disc se comió a las cintas. Un libro es un libro, y quien lo ha conocido lo sabe.

En cuanto a la comparación de Galindo entre la sociedad de su “mocedad” y la actualidad, he de darle toda la razón. Hoy en día según en que “esferas” de decadencia cultural está de moda ser tonto. Entendiendo como tonto alguien no comprometido con la cultura, que se aleja de los libros, del buen cine, de la conciencia política, del debatir y la filosofía que son aplastados por lo insustancial y lo vulgar, futbol, prensa rosa, programas del corazón y vaya usted a saber qué más. Es cierto que la sociedad actual presenta una gran insuficiencia cultural. Pero yo preferiría referirme a una sociedad distribuida entre dos extremos culturalmente hablando. Con un término medio, por supuesto. Veremos si es verdad aquello que dijo Jean J. Barthélemy  de que “A las plantas las endereza el cultivo, a los hombres, la educación.”



http://www.murcia20.es/index.php?option=com_myblog&show=LOS-LIBROS.html&Itemid=300&blogger=galindo

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