jueves, 8 de octubre de 2020

MI COMIENZO EN 1º ESO EL AÑO PASADO, por Helena Castellón Sánchez, 2º A

 


El año pasado fue un curso distinto, ya que ocurrieron cosas diferentes que nunca olvidaré. Empezaba el instituto, 1º  ESO, y estaba nerviosa porque no sabía qué profesores iba a tener, ni con los compañeros con los que iba a ir, etc.

 

El primer día ya se me pasaron un poco los nervios porque sabía que iría a clase con una amiga. Llegó la hora de  la primera clase, para que el profesor (tutor) nos dijera las normas y algunas pautas que teníamos que seguir,  también nos dio el horario.

Llegó el segundo día y conocimos a algunos profesores muy amables y así fueron sucediendo los días de clase con normalidad hasta que llegaron las vacaciones de invierno. 

Terminaron y volvimos a la rutina, pero a las dos semanas me fui de viaje con mis tíos y algunos amigos a Nueva York (un viaje que no me hubiese esperado hacer, que nunca me voy a olvidar, por las personas y los lugares que conocí).

A la vuelta empezaron las malas noticias, el Covid-19 se iba acercando, y no teníamos los recursos necesarios para afrontarlo.

En marzo (exactamente el 13) nos fuimos a nuestras casas pensando que la estancia iba a ser menor. Transcurrieron varios días y viendo que no volvíamos, empezamos con clases virtuales y deberes digitales, que se mantuvieron durante los cuatro meses restantes.

Terminamos el curso de 1º ESO sin haber vuelto al instituto. Sin darnos cuenta se nos había esfumado un año de nuestras vidas.


Helena Castellón Sánchez

lunes, 5 de octubre de 2020

EL PARQUE DE MI INFANCIA, POR ANA ISABEL MARTÍN, 2º A

 

https://www.onlyinyourstate.com/oregon/forest-park-or/

Recuerdo que, cuando era pequeña, tenía que volver a mi casa andando de un colegio cerca de un bosque. Mi casa no está muy lejos, pero aquella tarea rutinaria se me hacía muy pesada. Pero también recuerdo que, en el transcurso, había un camino que extrañamente me calmaba. Era un largo camino de asfalto amarillento, rodeado de árboles que lo hacían parecer aún más amplio. Cuando volvía a mi casa siempre estaba fatigada e intentaba darme prisa, hasta que llegaba allí. Primero pasaba por un camino rodeado de plantas y flores donde más de una vez me cruzaba con mariposas blancas. Algunas veces me distraía cogiendo flores para mi madre, intentando buscar con la mirada los animales escondidos entre la vegetación o simplemente persiguiendo las ya nombradas mariposas. Más adelante el camino seguía hasta llegar a un puente que se alzaba sobre un pequeño río rocoso que la mayor parte del año permanecía seco. Recuerdo que cuando llovía, el río se llenaba y algunas veces lograba ver ranas. Justo enfrente de ese puente llegaba al lugar más bonito de aquel viejo parque: los árboles comenzaban a hacer presencia, como si formasen un portal a aquel corto viaje. Mi vecindario solo está compuesto por casas no muy altas, por lo que el radiante sol era únicamente traspasado por las finas hojas, que solo dejaban pasar unos cuantos rayos de sol formando una iluminación cálida, cetrina y sutil. Más adelante, se encontraba el viejo parque del que ya he hablado. Siempre veía niños riendo y jugando en un par de columpios que había allí; el bosque estaba cerca por lo que el canto de diversos pájaros y el zumbido de las abejas no podía faltar. Cuando el viento soplaba, las hojas se revolvían y formaban un sonido tan relajante que casi parecía que me susurrasen. El sonido de los niños riendo mientras jugaban combinado con el rítmico sonido de los engranajes defectuosos de los columpios y el calmante disuelto en aquel sonido de las hojas balanceándose por el viento formaban una sinfonía tan acogedora y nostálgica que, al recordarlo, es como si fuese ayer. 

Cada vez que cruzo por allí, el recuerdo sumerge mi mente tan rápido como el sonido del viento chocando con las hojas llega a mis oídos, entonces me doy cuenta de lo mucho que añoro esos cálidos y bellos momentos, en los que no importaba distraerse un poco en el camino de vuelta a casa.

MONSTRUOS, POR ANA ZAMORA, 2ºA




Tras un largo rato de travesía, por fin, Marta y Juan llegaron al cruce.

 -Creo que deberíamos ir por la derecha, el camino es más largo y a la vez más seguro.- Marta se interrumpió-. ¿Qué? 

-¡Corre! - dijo Juan agitando las riendas de su caballo. 

De repente, una criatura de grandes dimensiones saltó hacia Marta con un grito de guerra.

 -¡Marta! ¡No!

Pero estaba demasiado lejos como para poder hacer algo por ella. Cuando llegó, lo único que encontró fue un caballo asustado y una pálida joven que no volvería a respirar.

EL COMIENZO, por Ana Isabel Martín , 2ºA




 Era el comienzo de mi primer día de curso de 2.º de Secundaria en el instituto I.E.S. Goya. Era un día lluvioso desde el comienzo y hacía mucho frío, eran los primeros días de septiembre por lo que el aire otoñal comenzaba a hacer presencia. Estaba muy perdida, ya que venía muy poco informada, lo único que sabía es que empezaba ese día y que iría con mis compañeros del año pasado. 

Con los datos que tenía,  lo primero que se me ocurrió fue ir a buscar a alguien de mi clase para que me guiase a mi aula. Entre la multitud encontré a dos de mis compañeros, ellos me guiaron hacia una fila donde esperaríamos con una distancia considerable, dadas las circunstancias. Vino a recogernos una profesora, ella nos dirigió hacia nuestra clase y, para mi sorpresa, mi antigua aula de biología sería nuestra aula durante la mayor parte de las asignaturas.

 Me senté en la primera mesa que pillé, a la derecha en una esquina. La profesora llegó, cerró la puerta y encendió el proyector, Comenzó a explicarnos normas, horarios, temas sobre su asignatura, etc… Y así transcurrieron las horas.  Siendo sincera. fue un completo lío, todo era nuevo para mí y la idea de comenzar el nuevo año se me hacía bastante pesada. Las clases se pasaron muy rápidas, supongo que el transcurso tan abrupto se debía a que solo nos hablaron de normas y no hicimos mucho más.

Estaba agotada, pero también estaba ilusionada. Después de mucho tiempo podría volver a mi rutina. La disciplina y el ambiente del instituto no son lo mismo que cuando las tareas se hacen en casa.


¿Las cosas me irán bien este año? 

Espero, con ansias, que sí.

jueves, 1 de octubre de 2020

COMIENZO DEL NUEVO CURSO CON EL RECONOCIMIENTO A LOS GANADORES EN EL XXIX CERTAMEN LITERARIO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA

 Desde Agoragoyadigital queremos dar la bienvenida al curso 2020/2021 a toda la Comunidad Educativa del IES Francisco de Goya y a nuestros seguidores y amigos.

La mejor manera de empezar un nuevo curso es con el reconocimiento a nuestros ganadores en el XXIX Certamen Literario de Educación Secundaria de Molina de Segura. 

Nuestro alumnado participó en las dos modalidades y en todos los niveles, obteniendo 5 premios más la mención especial del jurado a la mejor obra en la especialidad de micropoesía.

 


-En la modalidad de microrrelato en el 1º nivel, Olga Torregrosa Almagro obtuvo el 3º premio con el titulado "No importa nada".

-Tu boca niega lo que tus ojos gritan, soy invidente y has de saber que lo observo.

-Pues callar es lo que puedo, ya que el lenguaje de nuestros ojos me es suficiente, mas sigo siendo mudo.

-En la misma modalidad pero en el 2º nivel, el 2º premio fue para Ángela Mondéjar Sánchez, con el microrrelato "Recuerdos y más recuerdos".

Hoy estoy muy emocionado, voy a salir por primera vez desde mi estancia aquí. Me imagino el paisaje lleno de nieve hasta donde alcanza la vista, árboles desnudos con largos y finos brazos, y edificios grandes y altos con hombres fumando a su alrededor para sobrellevar el día. Yo también fumo a veces, lo odio, pero ayuda a afrontar mejor el trabajo de campo. Ya nos vamos, te escribiré después para que te hagas una idea de las duchas de Auschwitz. 

Te echo de menos, Abu, por favor, ponte bueno y ven a recogerme.


-En micropoesía, 2º nivel, el 3º premio fue para María del Mar Castellón García, con su obra "Consciencia".

Qué lejos estoy de lo mortal

cuando de mañana

escucho tu latir.

-En la misma modalidad pero en el 3º nivel, hay dos premios: el 1º para Germán Carrasco Cano, con el poema "Tenía que irse", y el 2º premio fue para Alex Velasco Quiroga, con el poema "Verdugos de inocencia". 

TENÍA QUE IRSE

Todo pasa, demasiado bien, 

demasiado pronto quizás.

Los rostros se funden, 

ríen, ríen.


Cansado de querer alzar el vuelo

y ver negadas mis alas, 

de aullarte la noche entera

con la luna en las entrañas.


Me quedo en la caricia de las estrellas.

Al fin y al cabo, la soledad es la que mejor besa.  (Germán Carrasco Cano)


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VERDUGOS DE INOCENCIA

Siempre que beben ocurre lo mismo.

Temo escuchar sus gritos desavenidos;

con mis manos temblando os escribo

y os culpo de todo lo que fui testigo. (Álex Velasco Quiroga)


-Por último, GERMÁN CARRASCO CANO obtuvo la mención especial por la calidad literaria de su micropoema "Elegía al pensamiento". 

ELEGÍA AL PENSAMIENTO

Poema es pensamiento.

Pensamiento es el poema.

El sofismo es la luna llena:

Lo falso que habita en lo cierto.


Así, la pobre quimera,

se revuelve en su inerte lecho.

Sin garras, sin pecho,

así quedó la estética.


En un mundo de poesía

lleno de poetas muertos.


Felicidades para los premiados y ánimos a todos para volver a participar con las mismas ganas, o más si cabe, porque temas para la inspiración no faltan y talento tampoco.

lunes, 8 de junio de 2020

Mi voto para "La memoria del árbol", de Tina Vallés. Germán Carrasco, 1º BIH



En primer lugar, si tuviera que clasificar las obras finalistas del premio Mandarache 2020 en una escala directamente dependiente del disfrute que me han aportado, La memoria del árbol es, sin duda, la que se queda el primer puesto.

La premisa de kentukis es buena, pero la ejecución no terminó de quedarse conmigo, y menos tras la lectura. Creo que hay muchos elementos de la obra bien tratados, pero, personalmente, no me hizo reflexionar todo lo que debería.

El dolor de los demás se queda el segundo puesto por sus temas, su ambiente y su reflexión. Admiro que un título basado en escenarios realistas sea capaz de plantearnos dilemas que muchas obras de ficción no llegan a plantearse siquiera.

Pero no me tiembla el pulso cuando tengo que decir que La memoria del árbol es una de las obras que mejor ha sabido quedarse conmigo durante mucho tiempo. Es una pieza preciosa, con un tratamiento del ritmo y la estética que debería servir de ejemplo. Todo en este libro aporta algo, aunque sólo sea para llevarte de la mano por un escenario emocional denso y agridulce. Entre sus líneas se puede oler la esencia de los olmos, y deja una imagen enormemente bella, que no es otra que la de la vida observada con el cristal del alma, de una poeta, del sentimiento concentrado en pequeñas cucharadas a modo de capítulos.

Creo sinceramente que, más allá de valores fijos y totalmente objetivos, si un libro es capaz de hacerte llorar como ningún otro, es porque se ha hecho un trabajo excelente. Es la obra que voy a recordar con cariño durante años.



miércoles, 27 de mayo de 2020

EL PORQUÉ DE MI VOTO A "EL DOLOR DE LOS DEMÁS"



Tomar la decisión final de a qué escritor otorgar mi voto no ha sido tarea fácil. Mientras me paraba a analizar las tres obras que aspiran al premio Mandarache, caí en la cuenta de que era una decisión que realmente tenía trascendencia, que por una razón u otra el recibir o no el premio podía marcar una diferencia para la vida literaria y personal de los autores finalistas, así que procuré cerciorarme de que estaba siendo lo más objetivo posible.
Finalmente me decanté por El Dolor de los Demás. El análisis de esta obra lo he llevado a cabo no solo por mí mismo, sino que además he contado con los puntos de vista de mis padres, quienes habían leído la obra antes que yo, y he tenido muy en cuenta sus aportaciones, ya que tal vez su forma de entender la novela fuera más rica que la mía dado que vivieron en el mismo lugar y época que el autor, poniendo el relato así mejor en su contexto.
Una de las principales razones por las que esta novela se lleva mi voto es la cercanía. Y no me refiero tanto a la física, sino más bien a la facilidad que hallo para identificarme con el autor, y lo chocante que encuentro que alguien con mi misma edad e incluso en algunos aspectos con unas pretensiones y psicología parecidas a la mía, pasase por un suceso tan traumático como el que acontece en la obra.
Es difícil pasar por alto el hecho de que esta obra es un retrato al desnudo de Miguel Ángel Hernández, un proceso de catarsis por el cual el autor trata de liberarse de ese yugo con el que carga desde su temprana juventud. Admiro que haya sido capaz de mostrarse ante el mundo con tanta transparencia sin importarle lo que pudiese pensarse de él, casi como si se tratara de un trabajo sujeto a prescripción médica.
Sobre las otras dos obras no tengo más que buenas palabras, creo que realmente se merecen el haber llegado hasta este punto final. Respecto a La Memoria del Árbol, debo reconocer que me conmovió profundamente, ya que es una novela que si el lector es capaz de llevar a sus propias carnes y encontrar puntos en común con sus recuerdos pasados, toca en lo más hondo de ti. El Alzheimer ha sido un mal mayor en mi familia con el que hemos tenido que convivir durante muchos años, y por esto ha sido difícil no colocar en primer lugar La Memoria del Árbol, pero como he dicho antes he tratado de ceñirme a lo más puramente literario, y creo que en este aspecto El Dolor de los demás la supera.
Kentukis,  por otra parte,  no me convenció tanto. Más que nada porque creo que el aura de futuro distópico en el que se enmarca la narración no me cuadra para nada, dada la realidad actual en la que vivimos. Me explico. La idea de relatar una serie de historias con distintos personajes a través de un hilo conductor común como son estos aparatos perversos me pareció interesante en un primer momento, pero conforme avanzaba la lectura me di cuenta de que hablar sobre un posible futuro en el que esto suceda no me provoca mayor sentimiento de desagrado e incomodidad que el que me surge al saber que esto ya sucede hoy día, a cada momento, por medios más convencionales y discretos que un "animatrónico parlante". Es por esto que desde mi humilde opinión, habría encontrado más acertada una mayor fidelidad a la realidad para enfocar la novela desde un punto de vista en el que la gran mayoría se pudiera ver reflejada, para así, de pasada, recordar lo expuestos que estamos y lo vulnerables que somos.

                                   Salvador Rodríguez Zaragoza
                                                      B1IC