lunes, 3 de marzo de 2014

SOLA

Era una noche lluviosa y  una pareja estaba dando una vuelta en la moto. La chica, asustada, ya que él iba muy rápido, le pidió por favor que fuese más lento, pero él seguía yendo a toda velocidad. El chico le dijo que se ajustase bien el casco y que le diese un abrazo tan fuerte que le dejase sin respiración, ella lo hizo. También le dijo que le diese un beso, ella preocupada le dijo:
-Pero, ¿Estás bien?
-Sí, pero dámelo y dime que me quieres.
De repente se escuchó un ruido tremendo y resulta que había una pared grande y rocosa junto a la carretera contra la que la moto se estrelló.
A la mañana siguiente, Susana se vio en una cama de hospital, a su derecha estaban su padre y su madre. Con temor, preguntó lo que había pasado la noche anterior y dónde estaba Erik. La madre le dijo que él la había salvado. La chica, con miedo a la respuesta, preguntó:
-¿Ha sido por mi culpa?
 El padre le respondió:
-¿No seas tonta! No es por tu culpa.
Tras un largo silencio, su madre le dijo entristecida:
-Te han dado de alta, podemos irnos.
Susana vio al padre de Erik sentado en el banco de espera, ella se dirigió a él apenada y le dio el pésame, él le respondió:
-No te preocupes, no ha sido culpa tuya, tranquila, ha sido una desgracia terrible.
-¿Cuándo es el entierro?- Preguntó ella con los ojos llenos de lágrimas que se resistían a salir.
-El domingo por la mañana.
Susana, a punto de explotar, asintió entristecida y se fue a su casa.
Al día siguiente, domingo, fue el entierro de Erik. Estaba toda su familia, algunos llevaban en la mano una rosa roja con espinas y todos estaban realmente consternados. Al finalizar el entierro, se quedaron el padre de Erik y Susana contemplando su tumba. Él la cogió por  los hombros y soltó unas palabras en voz baja un poco temblorosa:
-No te preocupes, él aún sigue con nosotros, y seguro que no le gustaría verte llorar.

Nota: este cuento ha sido escrito "al alimón" por Andrea Cualchi y Anaís, de 2º A ESO

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