viernes, 29 de junio de 2012

ARTISTAS DEL GOYA

Me gustaría compartir con vosotros el vídeo que he hecho con el trabajo realizado por los alumnos de 4ª en Plástica.


 

Os deseo a todos un feliz verano.
Mayte

jueves, 21 de junio de 2012

EL RUSO DE PALOMARES (CUENCA)

HISTORIAS DEL DEPARTAMENTO DE SOCIALES:


Relato de Gabriel García Rosauro,
 profesor de Geografía e Historia

*Antes que el lector se adentre en esta lectura es imprescindible que sepa que Palomares del Campo es el pueblo natal de nuestro dilecto y entrañable José Andrés Prieto.

-¡Se nos ha muerto el ruso de Palomares!
El grito desgarrador de José Andrés Prieto dejó a la sala de profesores llena de asombro. Para los que vivían ajenos a nuestro departamento, la mayoría, el grito les sonó a una de tantas excentricidades que a veces se dicen en los momentos de asueto del instituto, una boutade más, en resumen.
Pero ¿quién era el ruso de Palomares? ¿Por qué era noticia la muerte del eslavo?
Vayamos por partes:
Todo empezó dos meses antes, una mañana tibia del mes de Diciembre cuando, como todos los años, el departamento de sociales volvió a retomar  la preparación de nuestra Semana. Como siempre, volvimos a preguntarnos ¿Qué conferenciantes deberíamos traer?
La mayoría, respondiendo a la llamada insaciable del tópico, llegamos al acuerdo de que los futuros conferenciantes deberían hablarnos de los pormenores de la constitución de 1812, ya que celebrábamos el bicentenario de la célebre Pepa. Cuando todos creíamos que los tiros irían por lo que los relamidos llaman la Ley de Leyes, surgió el genio indomable de José Andrés para proponernos una idea que nos dejo boquiabiertos:
-¿Por qué no traemos al ruso de Palomares?
-¿Quién es el ruso de Palomares?-contestamos todos al unísono.
Prieto nos dio unos breves brochazos de lo que pretendía con la llegada del ruso de Palomares: algo así como concienciar a los alumnos de los cambios de sistemas en la historia, en este caso el paso del comunismo al capitalismo; algo muy parecido a lo que había supuesto la llegada de la constitución de 1812 en España porque…
Convencidos de las bondades de la idea, todos convenimos en que era muy importante que el mencionado ruso nos deleitara con sus enseñanzas. Por eso nos faltó tiempo para, cual mosqueteros, gritar nuestro lema:
-¡Hágase!
Pero ¿quién el ruso de Palomares?
El tal ruso, Ivanovic se hacía llamar, había sufrido años atrás los rigores implacables de la persecución política de  los últimos años del comunismo soviético. Fueron sus ideas y su actitud libre ante la vida las culpables de despertar las sospechas de Illic, el viejo miembro local de la KGB. Fue este fulano quien filtró en un telegrama dirigido a la plana mayor del organismo el delito que iba a ser el culpable de la confinación que sufrió durante largos años lejos de su pueblo, Gnisk.
¿Cuál era el delito concreto que dio con los huesos de Ivanovic en el campo de concentración?
La respuesta era muy sencilla: Ivanovic, nuestro ruso de Palomares, mandaba leer en sus clases las historias de aquel  loco cuerdo llamado Alonso Quijano, el célebre don Quijote de la Mancha.
No pasaron muchos días sin que Ivanovic tuviera noticias del rigor implacable de los órganos de dirección del partido comunista: una gélida mañana de enero recibió la visita lúgubre de un agente de los servicios secretos que le conminó a que le acompañara a un destino que no osó pronunciar.
En pocos minutos, asustado y aterido por un miedo venenoso, tuvo que recoger sus escasas pertenencias -era célebre su austeridad-, despedirse de sus padres y mirar por última vez las montañas altas y limpias de su pueblo. A las pocas horas, siempre acompañado por aquel agente frío como un témpano, montó en un tren renqueante y hermoso y tras dos días de larga travesía dio con sus huesos en el gulag de Novosibirisk, muy cerca de la hoy república de Kazajstán. En aquel lugar de nombre tan largo pasó quince largos años y allí probó la pócima amarga de la falta de libertad, el hambre y los rigores de un frío seco que le ponía azules y duros los labios y las manos.
Pero un buen día, cuando pensaba que la guadaña negra de la muerte vendría a buscarlo, algo alteró su existencia: sus compañeros le dijeron que cada vez cobraba más fuerza un rumor que al principio parecía increíble: quedarían libres porque los nuevos gobernantes del país tenían que vender al conjunto de naciones que la URSS era el país de la defensa de las libertades, el lugar donde  nunca habían detenido a nadie por sus ideas. Ivanovic no acababa de creerse aquel disparate. En los días siguientes sí se pudo percatar de algo completamente nuevo para su destino: los vigilantes estaban cada vez más relajados e incluso alguno de ellos faltaba a su cita con la garita de guardia.
Durante varios días fue alimentando la idea de huir, de abandonar aquel antro que había cambiado su existencia para siempre; aunque no sabía como hacerlo. Desesperado y lleno de incertidumbre, una mañana traspasó la puerta del recinto y viendo la estepa cercana sin ningún muro se dirigió a lo hondo de aquel paisaje que tantas veces había visto desde su ventana. El miedo le dio la mano en los primeros metros y fue capaz de sobrellevar la certeza de que un disparo seco y helado acabaría con su locura pero… no pasó nada. Instintivamente, sin mirar atrás, aceleró el paso y se dirigió al oeste, siempre con un claro objetivo: llegar a las tierras lejanas donde don Quijote vivió sus locas, sus admiradas correrías; las mismas que habían provocado su largo destierro en aquel maldito gulag del que aún tenía su mácula en la sangre y en el alma. En las siguientes jornadas, como un ave nocturna, descansó durante el día y caminó por la noche, siempre con la estrella del oeste como guía. Fueron sus compañeros en la larga travesía por la estepa mil animales ponzoñosos y la mirada fría de algunos campesinos que lo acechaban con ojos cobardes.
Durante meses fue fiel a la antigua ruta de los bárbaros y así cruzó  la estepa rusa, las duras tierras germanas, el antiguo reino de los galos y, ya cerca de su destino, se tropezó con la muralla negra de los Pirineos. Confundido con uno de los miles de peregrinos que atraviesan sus angostos pasos, llegó a las tierras del Ebro para después adentrarse en la dura Meseta del Norte, las ásperas tierras donde el Duero es el rey.
Pero antes de que volvamos a  viajar con Ivanovic por las tierras de España debemos detenernos  en  una pregunta que cualquier lector aventajado está a punto de hacerse:
¿Dónde dormía Ivanovic, de qué se alimentaba?
Las repuestas a estos y otros  interrogantes nos las iba a resolver nuestro querido Ivanovic, aunque es fácil de suponer que, habituado a las penalidades de aquel inmundo gulag, no lo resultó difícil acomodar sus huesos a pajares discretos o a albergues miserables; tampoco, estamos seguros,  le haría ascos a cualquier comida de las casas de caridad o algún alimento que la madre naturaleza regalara a sus hijos.
Volviendo al largo peregrinar de Ivanovic, diremos que anduvo, siempre sin mirar atrás, la larga travesía de la meseta del norte, superó la Cordillera Central por la Sierra de Guadarrama, paseó su figura esquiva por la Villa y Corte y ¡por fin! llegó a la Mancha. Sin darse cuenta, como un dromedario cuando huele el agua tras una larga travesía por el desierto, aceleró el paso cuando vio las planicies que tan bien había dibujado Cervantes. Cansado, emocionado y a punto de llorar de emoción por haber llegado a su destino, se sentó debajo de una encina para respirar el aire fresco de su sombra. Absorto en el momento, no se percató de la cercanía de un viejo pastor que le preguntó.
-¿A dónde vamos?
Ivanovic se fijó  en la mirada de aquel hombre, una mirada franca y limpia como la de Sancho, el fiel escudero de Alonso Quijano. Ivanovic lo miró fijamente y le dijo unas palabras que aquel no entendió:
-Russ en un lougar de la mauncha-eso fue exactamente lo que el pastor pudo oír.
Esas torpes y escasas palabras fueron el inicio de una relación fiel y extraña. Una amistad que se alimentó de un ambiente propicio a acoger a dos hombres solos. Uno, el pastor, no tuvo ningún reparo en dar cobijo a un hombre que apenas entendía pero del que se fiaba ciegamente como para confiarle lo suyo. El otro, el ruso que había llegado andando al pueblo del viejo pastor, el lugar de Palomares del Campo, vio en el pastor la comprensión y el afecto de los que había carecido en los últimos años.
Pasó el tiempo y el nuevo vecino se convirtió en uno más, hasta tal punto que le pusieron el mote del Ruso y fuera del pueblo era conocido como el ruso de Palomares. Espabilado y culto, cincuentón y con un físico extraño en aquellas tierras, era una nota de color en un pueblo pequeño donde el éxodo rural empezaba a hacer de las suyas. En poco tiempo, Ivanovic aprendió el idioma de Cervantes, aunque con un claro acento manchego.
A los tres años de su llegada a Palomares y después de haber trabajado con provecho en varios oficios, era un vecino más. A la caída de la tarde y en los días de fiesta no era raro encontrarlo en el bar de la Plaza contando historias increíbles que deslumbraban  a los hombres y sobre todo a los niños. Eran historias que hablaban de una tierra fría,  de un gulag donde el miedo a los guardianes daba ganas de orinar y sabía a hierro viejo, de un pueblo de gentes honradas que querían vivir en paz, de unas primaveras hermosas que vencían todos los años a las nieves eternas del invierno, de…
Un buen día, habían pasado ya cinco años desde su llegada, todo el pueblo celebró el arreglo del Ruso con Adelita, una solterona aún de buen ver, que le cambió la vida; de pronto el ruso se convirtió en el marido de una de las mujeres más ricas del pueblo. De su amor tardío salió el fruto de una niña, Ivanova de las Mercedes, morena de pelo, los ojos claros como el cielo de Rusia y la tez clara de las eslavas.
Pese a que el azar lo había convertido en un hombre feliz y de buen pasar, Ivanovic nunca olvidó sus antiguas penalidades y a las gentes humildes que le habían acogido. De sus manos siempre salía una limosna oportuna, un consejo apropiado para los más jóvenes y el afán de colaborar con sus palabras en todas aquellas iniciativas que sirvieran para condenar la falta de libertad o el abuso de los más débiles.
Un buen día recibió la llamada de José Andrés, uno de sus paisanos en la diáspora, para  preguntarle, más bien mandarle:
-¿Cuándo vienes a contarnos tus historias al instituto Goya de Molina?
-Cuando quieras-le contestó raudo Ivanovic.
En solo dos minutos llegaron al acuerdo de que cuando llegara la primavera vendría a esa tierra tan distinta a la suya para hablar de la libertad, del miedo, de la esperanza, de tantas cosas que el guardaba en la cabeza.
El invierno pasó rápido y cuando la primavera asomó su cara se dispuso a viajar a aquel instituto de un pueblo de Murcia para hablar a unos alumnos y profesores que querían conocer historias de un ruso que fue capaz de ir andando desde Rusia a un pueblo perdido de la provincia de Cuenca. Lo demás es fácil de imaginar: quince días antes de la fecha convenida, mientras preparaba unas breves notas sobre su futura conferencia, un latigazo negro y áspero le obturó el corazón y la guadaña negra de la muerte se lo llevó a la edad de 65 años.
El parte médico decía que la causa de la muerte había sido una parada cardio-respiratoria, aunque yo estoy seguro que lo que pasó fue que la bala aquella que no recibió cuando salió por la puerta del Gulag lo encontró después de vagar 7.453 kilómetros en busca de aquel hombre que se escapó para encontrar la tierra de don Quijote.

                                                                                           
P.D. Si has sido capaz de llegar al  final del relato, te proponemos varias preguntas para que te adentres más en la vida y milagros de nuestro querido ruso de Palomares:
  1. ¿Piensas que Ivanovic te hubiera enseñado cosas trascendentales si hubiera venido al instituto Goya?
  2. ¿Crees que es cierto que vino andando?
  3. ¿Por qué no reclamó a sus padres?
  4. ¿Por qué no le picó ningún animal ponzoñoso?
  5. ¿Qué motivos ha tenido José Andrés para disimular su pena?
  6. ¿Oíste su grito desgarrador por el pasillo?
  7. ¿Vale la pena hacer un viaje tan largo para conocer la tierra de Alonso Quijano?
  8. ¿Sabrías seleccionar algún párrafo del Quijote en el que se alabe la libertad?
  9. ¿Por qué Adelita se enamoró de Ivanovic?         

miércoles, 20 de junio de 2012

ACTO DE GRADUACIÓN


El viernes pasado, 15 de junio, se celebró el acto de graduación conjunto de 2º de Bachillerato y de 4º de ESO. Fue como hace ya algunos años en el patio entre los pabellones 1 y 4 y se contó con la presencia de la Concejala de Cultura, Mariola Martínez. Tras los protocolarios discursos del Director y de Mariola,  se hizo la tradicional entrega de diplomas al mérito académico, al esfuerzo, a los premiados en el concurso Meninas y a los mediadores en conflictos entre iguales. La presentación corrió a cargo de tres alumnos de 2º de Bachillerato, Bárbara, Rocío y David, quienes dirigieron  el acto como profesionales. Las actuaciones musicales las hicieron en primer lugar alumnos de 1º y 2º de ESO,  que dedicaron una canción en inglés a su compañero recientemente operado, Álvaro Aguilar; a continuación los alumnos de 2º y 3º de ESO intrepretaron con la flauta fragmentos de la película Los chicos del coro; por último, un grupo musical compuesto por tres alumnos del Centro interpretaron también una bonita canción entre la imposición de becas a 4º y la 2º de Bachillerato. Tras recibir cada uno su correspondiente beca, se tomaron múltiples fotografías, entre las que colocamos unas cuantas más abajo. Para concluir, la Asociación de Madres y Padres de Alumnos invitó a los asistentes a un aperitivo en el patio principal.
 Desde ágoragoyadigital  les damos la enhorabuena a todos los que han finalizado sus estudios y les deseamos que continúen formándose para conseguir cada cual la profesión que desee.







martes, 19 de junio de 2012

PREMIO PARA JUAN PABLO CARREÑO Y PARA BRYAN CUENCA


La semana pasada estos dos alumnos de 4º A recibieron un premio de la asociación CEDRO por su trabajo conjunto sobre licantropía. En este enlace del blog de Geografía e Historia se dan más detalles y aparece la fotografía que les tomaron en el patio con los diplomas. Por cierto, muy bien acompañados por Pepa Saavedra, que acaba de incorporarse tras su operación.

¡Enhorabuena, muchachos!

http://www.iesgoyageografiaehistoria.blogspot.com.es/

lunes, 18 de junio de 2012

PROPUESTA DE LECTURA PARA ESTE VERANO



Hace unos días Juan Ramón Barat tuvo la gentileza de mandarnos al  instituto unos ejemplares de su último libro titulado Deja en paz a los muertos.  Se trata de una novela adecuada para adolesclentes desde los trece o catorce años hasta adultos de cien que tengan ganas de pasar ratos agradables sumergidos en una intrigante investigación policial rodeada de misteriosas apariciones. El protagonista es un adolescente de dieciséis años, el espacio es un pueblo llamado Gélver que encubre el nombre real de otro que el autor prefiere omitir, el tiempo es el verano. Aquí tenemos los ingredientes suficientes para que nos atraiga esta novela; pero si alguien piensa que le falta una historia de amor, se equivoca,  porque también podemos encontrar ese necesario alimento de la ficción y de la realidad.
En cuanto al estilo narrativo, junto a la narración y el diálogo se hallan descripciones muy poéticas, recordad que conocemos a Juan Ramón Barat como poeta, ya que muchos habéis leído su libro Poesía para gorriones. Así que no le cuesta trabajo ese despliegue colorista y minucioso en las descripciones, con el uso de recursos como el símil y la metáfora, que borda como él suele hacer.  Valgan estos fragmentos como muestra y acicate para su lectura completa:

"La brisa nos traía una mezcolanza de suaves olores veraniegos y a nuestro alrededor la luz del atardecer se deshacía en un lienzo de colores. Tanta belleza contrastaba con la oscura realidad que me envolvía en aquellos momentos". (Pág. 63)

"No sé cuántos minutos estuvimos en silencio. Pensé que si el paraíso existía no debería de ser muy diferente de aquello. Sin saber cómo, me encontré observando a Alicia, que dormitaba con los ojos cerrados. El viento, húmedo y salado, le empujaba el pelo hacia atrás y el sol dulzón de la tarde se posaba en su rostro."
(Pág. 77).

"Siempre he creído que no se necesitan motivos especiales para entrar en un cementerio y darse un buen paseo por sus callejuelas llenas de nichos. Cualquier conflicto de los hombres resulta desde esta perspectiva una verdadera estupidez." (Pág. 105)

Para más información sobre el autor y esta obra, visitad estas páginas:

sábado, 16 de junio de 2012

FOTOS DE GRUPO DE 4ºA

El jueves 14 de junio nos hicimos en el patio estas fotos de grupo. Pasamos un buen rato, tuvimos algún que otro incidente con la cámara, pero mereció la pena. ¡Estáis muy guapos/as!







Si queréis ver los vídeos de Imagen y Comunicación de este año, incluido el ganador del premio especial, se encuentran en el blog de Maite. Pinchad en el enlace y pasad un buen rato admirando el trabajo de los alumnos de esta asignatura.

http://plastic-arte.blogspot.com.es/